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25 de octubre de 2026
Éxodo 22: 20-26; Salmo 18; 1 Tesalonicenses 1: 5c-10; Mateo 22: 34-40
Por Jude Siciliano , OP
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Estimados predicadores:
Los fariseos aparecen con frecuencia en los Evangelios, ?verdad? Por lo general, se les presenta como opositores de Jes?; a veces, incluso de forma violenta. Sin embargo, algunos fariseos sent?n simpat? por Jes?. Pablo era fariseo, al igual que Nicodemo, quien acudi?a Jes? de noche.
En tiempos de Jes?, hab? aproximadamente 6000 fariseos. Por lo general, se entiende que el t?mino ?fariseo? significa ?apartado?. Ellos buscaban distinguirse mediante la observancia de la Ley y de las tradiciones de sus antepasados. Algunos menospreciaban a la gente com?, a quienes consideraban poco observantes de la Ley. A tales personas se les denominaba, en ocasiones, ?la gente de la tierra?.
Los fariseos eran, en su mayor?, laicos, aunque es posible que algunos sacerdotes tambi? formaran parte del movimiento. Buscaban con fervor preservar las ense?nzas de la Ley y las tradiciones de sus antepasados. Se esforzaban por proteger la integridad de estas ense?nzas. Para evitar que la gente quebrantara la Ley, desarrollaron normas e interpretaciones adicionales que serv?n como una especie de barrera en torno a ella.
Pero ?c?o podr? un pastor, un ama de casa o un carnicero com? y corriente seguir todas esas reglas? Alguien que desee permanecer fiel a Dios podr? acudir a un fariseo o a un rabino en busca de orientaci?. Quiz? esto nos ayude a entender la pregunta que se le hace a Jes? en el evangelio de hoy: ?Maestro, ?cu? es el mandamiento m? importante de la Ley?? En otras palabras: "Ay?ame a entender la Ley de Dios. Res?ela".
Seg? un dicho popular, a un maestro se le podr? pedir que resuma la Ley mientras permanece sobre un solo pie. La respuesta tendr? que ser breve y concisa.
Jes? reconoci?la importancia del celo de los fariseos por la Ley. Su cr?ica iba dirigida, en particular, a la hipocres? religiosa y a la tendencia de algunos a menospreciar a la gente com?. Algunos parec?n creer que su estricta observancia de la Ley los colocaba en una posici? privilegiada ante Dios. Mateo nos relata que los fariseos se hab?n enterado de que Jes? hab? dejado sin respuesta a los saduceos. Se acercaron a ? con la siguiente pregunta: ?Maestro, ?cu? es el mandamiento m? importante de la Ley??.
Es casi como si estuvieran diciendo: ?Rab? ?podr?s resumir ?estando sobre un solo pie? todos los mandamientos de Dios, as?como todas las normas y preceptos transmitidos por nuestros maestros??. Jes? responde con una declaraci? breve y poderosa: ?Amar? al Se?r tu Dios con todo tu coraz?, con toda tu alma y con toda tu mente?.
En otras palabras, ama a Dios con todo tu ser.
Los fariseos habr?n reconocido este mandamiento. Jes? no lo estaba inventando; Se basaba en Deuteronomio 6:5. Es parte de la oraci? jud? central conocida como "Shema", llamada as?por la palabra hebrea con la que comienza, que significa "escucha".
Jes? declara que este es el mandamiento m? grande y el primero. Pero no se detiene ah? Lo vincula con un segundo mandamiento, proveniente del libro de Lev?ico: el mandamiento de amar al pr?imo como a uno mismo. Toma estas dos ense?nzas y las une. El mensaje es claro: ?Ama a Dios con todo tu ser. Demuestra tu amor por Dios amando a tu pr?imo. No puedes separar una cosa de la otra?.
?D?de encontramos la imagen de Dios?
La tradici? jud? proh?e la creaci? de im?enes de Dios. Esto distingu? el culto de Israel del de muchos pueblos vecinos, que veneraban a sus dioses mediante im?enes y estatuas. Imaginemos a un pagano pregunt?dole a un jud?: ??D?de est?la imagen de Dios??. Un jud? podr? responder: ?Mira a un ser humano. Estamos hechos a imagen de Dios?. En otras palabras, la imagen de Dios se refleja en cada ser humano.
Esa es la conexi? que podemos establecer a partir de la ense?nza de Jes? en el Evangelio de hoy. ?C?o podemos, como seres humanos, rendir el debido homenaje a un Dios invisible? ?C?o podemos honrar a Dios en nuestro mundo y en nuestra vida cotidiana?
Jes? nos muestra c?o hacerlo. Toma el mandamiento de amar a Dios con todo nuestro ser y lo une al mandamiento de amar al pr?imo. En efecto, nos dice: ?Si quieres amar al Dios a quien no puedes ver, ama al ser humano a quien s?puedes ver?.
Cada ser humano lleva la imagen de Dios y merece ser tratado con dignidad.
Un recordatorio en los marcos de nuestras puertas .
Volvamos por un momento a la ense?nza jud? central que Jes? cita. El Shema incluye estas palabras: ?Amar? al Se?r tu Dios con todo tu coraz?, con toda tu alma y con todas tus fuerzas?.
En los hogares jud?s, tradicionalmente se coloca un peque? recipiente llamado mezuzah en el marco de la puerta. Este contiene un pergamino en el que est? inscritos pasajes de la Torah, incluido el Shema. El pergamino es preparado cuidadosamente por un escriba experto.
La mezuzah se coloca en el marco de la puerta, en ?gulo. Algunos jud?s la
tocan o la besan al salir de casa y al regresar. Podemos imaginar la oraci? que
acompa? a este gesto: ?Al salir de mi hogar, que pueda vivir en el mundo de una
manera que refleje mi amor y devoci? hacia Dios y Sus caminos?. Y...
Al regresar a casa, espero demostrar ese mismo amor y devoci? en la forma en
que trato a mi familia y a todos los que entran en mi hogar.
Inspir?donos en esta tradici? jud?, podr?mos escribir el mandamiento que Jes? le dio al fariseo en un trozo de papel o en una tarjeta especial, y colocarlo en un lugar donde podamos verlo al entrar o salir de casa. Incluso podr?mos besarlo como recordatorio de la ense?nza central de Jes?.
?Ama al Se?r tu Dios con todo tu coraz?, con toda tu alma y con toda tu mente. ...Ama a tu pr?imo como a ti mismo?.
Un breve an?isis del libro del ?odo basta para comprender su relevancia actual. En el ?odo, Dios da a los israelitas un mandato claro: ?No maltraten ni opriman al extranjero, pues ustedes mismos fueron extranjeros en Egipto?. Dios les recuerda que saben lo que significa ser forasteros en una tierra extra?, vivir en la incertidumbre y depender de la bondad de los dem?.
Este mensaje interpela profundamente a los cristianos de hoy, al encontrarnos con inmigrantes que buscan seguridad, trabajo y un futuro mejor para sus familias. Independientemente de su pa? de origen o de su situaci? legal, los inmigrantes son seres humanos dotados de dignidad, con familias, esperanzas y temores. No son simplemente una cuesti? pol?ica; son nuestros hermanos y hermanas.
La cuesti? central no es simplemente: ??De d?de vienen estas personas??, sino m? bien: ??C?o las estamos tratando??. Dios nos recuerda que nuestra fe debe manifestarse en la forma en que tratamos a los m? vulnerables. Cuando defendemos la dignidad de los inmigrantes, escuchamos sus historias y respondemos a sus necesidades, estamos poniendo en pr?tica el mandato de Dios.
El extra? que vive entre nosotros bien puede ser la persona a trav? de quien Dios nos pide que demostremos el amor de Cristo.
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P. Jude Siciliano OP <FrJude@JudeOP.org>
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XXX Domingo Ordinario (A)25 de Octubre de 2026
A veces escuchamos decir que Jes? trajo un mensaje completamente nuevo, especialmente cuando hablaba de la ley del amor. Sin embargo, la primera lectura nos muestra c?o se esperaba que viviera la comunidad jud?. En estos preceptos podemos apreciar una gran ternura: ?No maltraten ni opriman al extranjero. No exploten a las viudas ni a los hu?fanos; porque si los explotan y ellos claman a m? ciertamente escuchar?su clamor?. Desde el principio, Dios se ha revelado como un Dios que est?al lado de los pobres.
Pero, como en cualquier organizaci?, la ley de la religi? jud? evolucion?con el paso del tiempo. Las leyes abarcaban todos los aspectos de la vida y, para la gente com?, resultaba muy dif?il ?o, mejor dicho, imposible? cumplir con todas ellas. Exist? la tendencia a juzgar a los pobres por no observar la totalidad de las leyes, y a considerar que solo quienes ocupaban posiciones elevadas eran justos. Los fariseos y los saduceos se sintieron molestos ante el mensaje de Jes?, el cual parec? justificar a los pobres.
Y as?llegamos al Evangelio. La pregunta que hacen los fariseos parece muy sencilla: ?Maestro, ?cu? es el mayor mandamiento de la Ley?? Jes? responde usando parte de la oraci? que los jud?s devotos recitaban diariamente, en sus oraciones matutinas y vespertinas: ?Amar? al Se?r tu Dios con todo tu coraz?, con toda tu alma y con toda tu mente?. Nadie pod? oponerse a esta ley, ya que era parte de su tradici? y herencia como jud?s. Pero Jes? a?di?un segundo mandamiento: ?Amar? a tu pr?imo como a ti mismo?, que resume todas nuestras obligaciones hacia los dem? seres humanos. Esto tambi? fue un elemento fundamental de la religi? jud?.
Jes? era un buen maestro. Para ?, no era necesario recordar los muchos mandamientos; bastaba con recordar dos. Incluso las personas m? pobres y con menor formaci? pod?n recordar f?ilmente esos dos. Lo dif?il era vivir conforme a estos dos mandamientos. Amar al pr?imo como a uno mismo exige un esfuerzo cada d? ?y, a veces, cada hora del d??.
El genio de Jes? radica en el hecho de que sus ense?nzas dieron un nuevo significado a la palabra "pr?imo". Para los jud?s, la palabra "pr?imo" significaba otro jud?. En las palabras de Jes?, vemos que el "pr?imo" incluye al samaritano?un miembro de una raza despreciada?as?como al recaudador de impuestos?un grupo de personas odiadas por los jud?s?los enfermos, los ciegos y los sordomudos, que fueron juzgados como pecadores, e incluso prostitutas. Para Jes?, el "pr?imo" abarca a todos.
?Es f?il seguir la ley del amor? No creo que lo sea. Vemos que, incluso hoy en d?, existe odio dirigido hacia diversos grupos; grupos a los que se juzga por las acciones de unos pocos. Vemos el miedo que muchas personas albergan hacia las personas de color. Vemos la animosidad que impulsa a los pol?icos cuando hablan sobre los inmigrantes. Vemos oposici? en el Congreso a los programas que brindan ayuda a los pobres. Vemos el desprecio que sienten los ricos hacia quienes no tienen trabajo.
Quiz? estos ejemplos existan porque nos resulta dif?il aceptar la ense?nza de Jes? de que nuestro pr?imo no incluye solo a quienes se parecen a nosotros, sino a personas de toda raza, color y fe. Hoy, recibimos una invitaci? de Jes? a abrir nuestros corazones y dejar que su palabra eche ra?es; una palabra tan importante para nosotros como lo fue para los fariseos y escribas de su tiempo.
Sr. Kathleen Maire OSF <KathleenEMaire@gmail.com>
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